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El polo argentino sorprende al mundo: The Economist lo ubicó como una de las industrias más competitivas del país

La histórica disciplina construyó alrededor suyo una economía de alcance internacional que exporta caballos, genética, conocimiento y servicios. Con 27 argentinos entre los 30 mejores jugadores del mundo y una fuerte llegada de capital extranjero, el país sostiene un liderazgo difícil de igualar.

Ni Vaca Muerta, ni la minería ni siquiera el poderoso complejo agroindustrial. Para The Economist, uno de los sectores argentinos con mayor ventaja competitiva a nivel mundial es mucho más inesperado: el polo. La publicación británica puso el foco en una actividad que logró construir alrededor del deporte una verdadera economía propia, capaz de captar inversiones internacionales, generar empleo especializado y exportar talento, servicios y genética equina incluso en períodos de fuerte volatilidad económica. En zonas como el corredor que une Pilar con General Rodríguez, ese fenómeno transformó durante las últimas décadas amplias áreas rurales en un entramado de clubes, caballerizas, campos de entrenamiento y establecimientos vinculados directamente con la actividad.

El dominio argentino comienza por el talento deportivo. Según los datos recogidos por la publicación, 27 de los 30 principales jugadores profesionales del mundo son argentinos, una concentración extraordinaria para una disciplina que tiene presencia histórica en Europa, Estados Unidos y, más recientemente, en los países del Golfo. Pero el liderazgo nacional va mucho más allá de quienes entran a la cancha: alrededor de los jugadores funciona una extensa red de criadores, veterinarios, petiseros, herradores, entrenadores, arquitectos y especialistas que convirtió al polo en una industria con estándares internacionales. Actualmente existen 177 clubes en el país y la actividad se expandió desde Buenos Aires hacia distintas provincias, desde Córdoba hasta la Patagonia.

Los caballos constituyen otra de las grandes fortalezas argentinas. De los 1.140 ejemplares que participaron en la Queen’s Cup británica durante el último año mencionado por The Economist, 1.000 tenían sangre argentina. A su vez, entre enero y noviembre la Argentina exportó alrededor de 2.900 caballos a 38 países, de los cuales aproximadamente el 75 por ciento estaban destinados al polo. Son cifras que muestran cómo el país logró transformar décadas de selección, cría y conocimiento ecuestre en un producto altamente demandado en los principales mercados internacionales.

A esa tradición se sumó además innovación científica. Los criadores argentinos invirtieron durante años en investigación, reproducción y clonación de ejemplares de alto rendimiento, una tecnología en la que el país consiguió ocupar posiciones de vanguardia. Uno de los casos emblemáticos fue Dolfina Cuartetera, una de las yeguas más reconocidas de la historia del polo argentino, cuyo material genético fue utilizado en programas de clonación que alcanzaron valores extraordinarios. Más recientemente, el desarrollo de caballos editados genéticamente incluso obligó a la Asociación Argentina de Polo a establecer nuevas reglas para su participación en competencias oficiales.

El otro motor es el capital internacional. Jugadores y empresarios extranjeros llegan al país para competir, comprar animales, contratar profesionales e invertir en tierras e infraestructura. Ese flujo de dinero alimenta una cadena económica que se extiende mucho más allá de los grandes equipos y explica, en parte, por qué el sector consiguió mantener una dinámica propia frente a las fluctuaciones del resto de la economía argentina. Para The Economist, el polo funciona como una especie de ecosistema especializado capaz de aprovechar al máximo las ventajas que el país acumuló durante generaciones.

La combinación resulta singular: tradición deportiva, recursos naturales, conocimiento especializado, genética, innovación tecnológica y una reputación internacional construida durante décadas. Argentina no solamente produce a muchos de los mejores jugadores del planeta; también vende al mundo buena parte de todo lo que hace posible jugar al polo al máximo nivel.

En una economía que busca ampliar sus exportaciones y encontrar sectores capaces de competir globalmente, el polo ofrece un ejemplo poco convencional pero contundente. Una actividad profundamente ligada a la identidad rural argentina terminó convirtiéndose en una industria de clase mundial, con talento, tecnología y productos que encuentran compradores en decenas de países.

FUENTE: https://infoargentinaonline.com/noticia/el-polo-argentino-sorprende-al-mundo-the-economist-lo-ubico-como-una-de-las-industrias-mas-competitivas-del-pais

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